Una siempre tiene la idea de que cuando estés en el lugar que tanto soñaste todo será perfecto, hasta que te das cuenta que estas en el lugar que tanto soñaste y no todo es color de rosa como lo pensaste. Fue así lo que me sucedió.
Habían pasado dos semanas desde que había pisado Londres, vivía en un cuarto, no era horrendo, pero no era a lo que una estaba acostumbrada, eso era para mi el ultimo de mis problemas, pues el más grande era lidiar con encontrar un trabajo. O sea, tenia que trabajar y nunca en mi vida lo había hecho, tenia claro que tenia que hacerlo, se me iban acabando mis ahorros y no había forma de que llamara a mis padres para que me ayudaran, mi orgullo no me lo permitía, sabia que tenia que salir adelante sola. Fue ahí cuando cogí un periódico y empecé a salir por las calles de Londres en busca de trabajo, o sea, obviamente no pensaba buscar un trabajo de oficina y con las mil comodidades porque tan solo tenia 18 años, estuve dos días dedicándome a caminar 8 horas diarias en busca de algo, hasta que por fin alguien se apiado de mi y pues me dio trabajo, mesera en un bar, o sea, "mesera" helloooo, en mi vida yo pensaba trabajar de eso, pero tuve que tragarme mi orgullo y hacerlo, no me quedaba de otra.
Ese día en cuanto regrese a casa me llamo mi padre a preguntarme que tal me iba, le conté que había conseguido un trabajo, pero no le dije de que, pues conociendo a mi padre jamás me iba a dejar trabajar en eso, pero mi orgullo no me permitía aceptar que el me diera dinero, pues, si yo había decidido aventurarme a esto, tenia que demostrarles que lo iba a poder hacer sola.
A la mañana siguiente me arregle y me fui a trabajar, fue un primer día difícil, pero a pesar de todo logre salir invicta.
Fue después de ese día cuando llegue a mi cuarto y me senté en mi cama, que me di cuenta que aunque estuviera en la ciudad de mi sueños, esto no era el paraíso.